La calle. La vereda. Camino. Una puerta. Está abierta y entro. Escupo en la alfombra. Rompo un par de floreros. Garabateo las fotos familiares. Contento con mi obra, salgo a la calle y sigo caminando como si nada. Me siento bien. Soy un héroe. Nadie me vio, nadie sabe quién soy. Me siento impune porque soy impune. Mi vida es una porquería pero no importa, ese es un detalle.
Un
blog es eso. Una casa donde la puerta está abierta y cualquier psicótico puede entrar y salir para descargar sus frustraciones, para pretender ser lo que no puede ser, para perturbar a los otros, para sentir, por unos instantes, que es una especie de semidios al que la vida le debe algo. No hará daño, sólo nos dejará un sabor amargo y como cualquier otra basura, bastará pasar un trapo para que deje de existir y no queden rastros.
En algún momento, sentí pena por ellos. Ya no. Tal vez es hora de ponerse a pensar si hay formas razonables de evitar estas cosas o minimizarlas al máximo.
Las herramientas disponibles son pocas o ninguna. Cuando llegamos a cierto hartazgo es el momento de usarlas pero, me gustaría tomar una decisión que no fuera el resultado de un acto de histeria o de bronca y tal vez por eso escribo, porque es la forma de escucharme a mi mismo.
Blogger no ayuda en nada, al contrario, pone trabas. Ellos manejan los comentarios a su antojo, lo hacen mal y creen que lo hacen bien. Pedirles que cambien es pedirle peras al olmo. Los que debemos cambiar somos nosotros para no parecernos a ellos.
Nos permiten decidir si moderamos los comentarios o definir quienes pueden realizarlos. Lo usual es que tengamos marcada la primera:
Cualquiera. No es que lo hayamos pensado, es que es la opción obvia, uno abre un
blog y como es público, no se nos ocurre poner restricciones porque suena contradictorio; aún quienes vemos en esto un juego, pensamos "no hay problema", cualquiera puede unirse al juego. No lo hacemos de bondadosos ni porque somos mercachifles, lo hacemos porque nos parece natural.
Pero algo falla en alguna parte y no estoy muy seguro de tener una respuesta que me satisfaga.
Un juego. Sí. Un juego donde aparece alguien que quiere jugar pero permanece distante, usa nuestros juguetes pero no nos presta los suyos; o no los trae o no quiere compartirlos, no importan sus motivos, tal vez son valederos, tal vez no se trata de egoismo sino de simple comodidad pero algo falla, algo no está bien, algo hay que corregir. Una conversación debe tener un ida y vuelta, un mirarse a los ojos aunque sea una mirada virtual, un compromiso de ambos lados.

Anónimo o
URL personal es lo mismo, eso está claro, pongo
Juanito http://www.mongoaurelio.com y ya está, yo soy quién sabe quién. Peor aún, pongo un nombre de alguien conocido y su dirección y soy el otro. Miento, engaño, da igual. Me creo con derecho a decir lo que se me ocurra porque es la única manera en que alguien me escucha. Los obligo a prestarme atención. Soy un chiquilín masturbásndose en la soledad y que cree que hay dos vidas distintas y que lo que hacemos en la
web no es parte de la vida real. Y así, termina siendo un nada que se olvida que la vida es la suma de cada uno de nuestros actos y que sólo existe si la construimos segundo a segundo. Patético. Cree que nos hace perder el tiempo pero sólo nos aburre.
Disfrazarnos o usar un pseudónimo no nos hace otros.
En tiempos en que la privacidad es un valor en discusión que afecta nuestra seguridad personal, la guerra entre lo público y lo privado nos genera nuevos problemas. La navegación anónima es una de las nuevas herramientas al alcance de la mano de cualquiera y tarde o temprano terminará por influir en cualquiera que tenga un
blog.
Dudas, dudas, dudas. Lo único que tengo claro es que ya es imposible dejar la puerta abierta y lo que me faltaría responder es ¿cómo cerrarla?
Es cierto que limpiar no es difícil, unos cuantos
clicks y en un par de minutos ya está listo pero, ni siquiera quiero perder esos pocos minutos. Lo mejor, para quienes no nos gusta limpiar, es ensuciar poco.
Moderar es lo más razonable simplemente porque es inevitable aunque no termina de convencerme; estoy pensando en voz alta, preguntándome si la lógica para ingresar a cualquier casa no implica identificarse.
Identificarse no es una restricción, es un signo de cortesía, significa decir "Hola, yo soy Fulano", significa mostrar reciprocidad. Estoy en tu casa, esta es la mia. Juego con tus juguetes, traje los mios, juguemos juntos. Hablemos cara a cara, discutamos cara a cara. No hacerlo, permanecer en el anonimato, puede ser sólo pereza o costumbre pero también, puede significar desprecio ¿Qué motivos puede haber para permanecer anónimo? ¿Acaso esos mismos motivos no serían valederos para que nos negáramos a escucharlos? No quiero que sepan quien soy ¿por que debería hablar contigo? ¿La confianza es un camino que sólo tiene una dirección? ¿Tú tienes derecho a permanecer en las sombras y yo tengo la obligacion de prestarte atención cuando se te ocurre salir de ellas?
A medida que escribo esto me convenzo más y más que los comentarios anónimos
no deberían ser admitidos.
Anónimo es igual a nadie.
Anónimo es igual a nada, un cero sin entidad ni sustancia, alguien invisible, alguien que no deja huella, alguien que será olvidado.
Un
blog es un alguien y requiere de otros, de gente que se involucre, que discrepe, que participe, que disienta, que genere cosas y lo retroalimente. Un
blog requiere dar la cara y no gritar desde el limbo de la inexistencia.
No hablo de seguridad. No hablo de otra cosa que de reciprocidad y de buenos modales.